lunes, 14 de enero de 2013

Capitulo 32- Mi retrato sin acabar.

Llevábamos ya dos semanas juntos, y Zayn me llamaba continuamente, siempre que pillaba hueco, era maravilloso, todos los sentimientos felices del principio habían vuelto a mí, y las mariposas se negaban a abandonar mi estómago.
Pero hoy era un día muy muy especial, ¡Nialler y Tommo venían! Les iba a buscar al aereopuerto con Jesy. No estaría con Niall mucho, pero pasaría tres días junto a mi hermanito, el hermano que siempre quise tener.
Nada más ver a Boo me dirigí corriendo a sus brazos y me levantó por los aires, y ya salió mi yo llorona.
-Niall: Gracias por tu recivimiento eh. -Dijo después de abrazarse con su novia.
-Yo: ¡Ven aquí duende!
Nos fundimos en un tierno abrazo, era maravilloso que en el poquísimo tiempo que nos conocíamos tuvieramos tanta confianza, ellos era parte de mi vida.
-Yo: ¡Ah Lou! Ele está en Francia, por la operación de su abuela.
-Louis: Ya, me lo dijo, espero que salga todo bien, antes de regresar al tour pasaré por Francia al menos para verla.
-Yo: Oins que monada.
-Louis: Habló. -Me sonrió.
Al salir del aereopuerto Niall y Jesy cogieron un taxi y se fueron a la casa de los chicos, nosotros nos fuimos a mi casa en mi coche.
El trayecto se me hizo ameno, Louis me explicó la gira y tal, y especialmente lo que pasó realmente con Zayn, eso me abrió los ojos, no me merecía salir con él y menos tras lo que le hice, pero Boo me dijo que Zayn tenía un gran corazón.
Me dijo que mi chico, como él decía, me había escrito una carta y me había comprado un regalito, que ya me lo daría en casa.
Estuvimos dando vueltas por dar vueltas mientras hablábamos, era tan genial, se me pasó la tarde volando. Cuando me quise dar cuenta ya había anochecido y nos fuimos a mi casa.
Mi padre nos había preparado una gran cena, ¡ah! Y ¿sabéis lo mejor de todo? Se había separado de Cruela de Vil, por fin Emma se alejaría de mi vida.
Tras la cena, la interminable charla con mi padre y unas cuantas risas le enseñé a Boo donde se instalaría, era el cuarto de dibujo de mi madre.
En él iba a dibujar mientras yo me sentaba en el piano, no lo habíamos tocado desde su muerte, pero ahora lo requería la ocasión.
Nada más entrar me inundó el olor de mi madre. Pasé los dedos por el piano de cola llevándome el polvo por delante y miré en el escritorio, donde todavía estaba mi retrato sin acabar.

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